La sobrepoblación y el consumismo llevan al cambio climático en la medida en que hay más demanda de agua, alimentos, materiales y transportes que requieren energía o combustibles de origen fósil (carbón, petróleo) que producen gases de efecto invernadero que aceleran el cambio climático, la destrucción de bosques y selvas, y la disminución de la biodiversidad. Por eso la necesidad de tener menos hijos, buscar energías alternativas (hidráulica, eólica, solar y nuclear por fusión) y de reciclar desperdicios y basuras, especialmente en las ciudades en la que ya vive más de la mitad de los habitantes del mundo; y de ahí el cambiar a una arquitectura, urbanismo y planificación regenerativas. Las desigualdades y polarizaciones ideológicas llevan a paros, asonadas, revoluciones y guerras locales, y algunas de estas a las guerras internacionales y eventualmente al uso de armas nucleares con sus muy graves consecuencia...