Se trata de estimular el instinto de la biofilia (Edward O. Wilson: Los orígenes de la creatividad humana, 2018) y tener al lado de una casa un vergel con variedad de flores, vegetales y árboles frutales, y un estanque, con peces, para su riego; o, en el caso de los apartamentos, disponer de una azotea, terraza o balcón con vegetales y flores, que pueden estar en materas encima o al lado de afuera de las alfajías de las ventanas, solucionando su fertilización, riego y desagüe. Es la comunión de la arquitectura con la naturaleza inmediata, y cómo hacerlo en las viviendas existentes y cómo proyectar las nuevas para que sea fácil, económico y estético lograrlo, lo que se debería enseñar en las universidades. Lo primero es tener un pensamiento transdisciplinar: arquitectura, paisajismo, botánica y agronomía, una visión amplia y no miope del paisaje urbano y natural,...