Lo más perentorio es prever como afrontar un eventual temblor fuerte o una inevitable inundación, si se rompe el jarillón, lo que es cada día más predecible. Igualmente hay que pensar en el suministro de agua y energía, comprometidos no solo por el fenómeno de El Niño, sino por el rápido crecimiento poblacional de la ciudad. Y está el problema de la movilidad en ella, agravado por el mal estado de las vías, su fatal falta de continuidad, y de adecuada semaforización, señalización y demarcación. No falta el problema de la seguridad que, aunque es nacional, tiene peculiaridades locales, como las pandillas y las drogas, y que igualmente está relacionado con la actual conformación urbana arquitectónica de los diferentes sectores de la ciudad. Estos carecen de más y mejores espacios urbanos públicos, pues aunque las zonas verdes sobran, están mal utilizadas, y lo...