El silencio (que no es la ausencia total de sonidos) es una forma de respeto de sus ciudadanos. En los vagones de su puntual metro no se oye música ni conversaciones en voz alta. Sus filas son impecables y a nadie se le ocurriría saltarse una, y las reglas se cumplen pese a que siempre va lleno. “Siempre pensamos en lo que el otro está sintiendo” explican sus guías turísticos. Cuando las calles, con uno de los niveles de criminalidad más bajos del mundo, están sin tránsito, los peatones, independientemente de si son pocos o muchos, esperan en los andenes la señal de cruzar del semáforo, y sus estrictas prácticas de conducta en ellas son no comer mientras se camina, no fumar, no sentarse en el piso, no tomarse selfies, no molestar a las mujeres y no tirar basura; es de cada uno y es su responsabilidad llevársela a casa o cargarla hasta encontrar el sitio apropiado para desecharla. ...