En una buena ciudad la salud pública debe afrontar otros asuntos además de evitar epidemias de gripa o dengue, como lo es el consumo de drogas, al que absurdamente se lo pretendió penalizar aún más, y también el del alcohol y no apenas el del tabaco, que por su exageración ha llegado a extremos francamente ridículos, al punto de que de pronto terminaremos con una especie de “tabacotráfico”, justo cuando las despenalización de las drogas se abre paso en el mundo. Sencillamente a los ciudadanos no se les debe imponer el cuidado de su salud por decisión del Estado; otra cosa es que tengan a disposición los medios para hacerlo, principalmente cuando se trata de urgencias, y por supuesto hay que evitar que contagien enfermedades a los demás o las ayuden a provocar como pasa con el humo del tabaco. Lo mismo pasa con los accidentes de tráfico en los que están involucrados conductores ebrios. Pero para evitarlos no basta con pe...