Insistamos en que soñemos que las ciudades y su arquitectura pueden ser sostenibles y contextuales; que su suministro de agua y energía pueden ser eficientes y que sus basuras dejarán de serlo; que el ruido ajeno y las fachadas impertinentes desaparecerán, y que no hay más usos del suelo incompatibles pero todo está cerca. Despertemos de esas pesadillas en que se han convertido esas ciudades que han crecido mucho y muy rápido y ya apenas permiten soñar en viajar a otra parte. Soñemos que el agua que se utiliza en cada edificio o casa se puede reutilizar limpiándola según esté contaminada o sólo sea jabonosa, y que la de las lluvias se puede almacenar en bellos estanques, permitiendo que juntas abastezcan viviendas y demás sin necesidad de estar conectados permanentemente a redes de servicios de acueducto deficientes que dejan escapar parte del agua potable o permiten que se la roben o que muchos la usen para lavar suelos y carros o rega...