Mencionar a Dios para todo, ofendiendo a Dios y no sólo cuando Dios quiere, pasando por alto que este ya es un país laico gracias Dios y como lo quiso Dios, pero no decir adiós sino chao. Los desfiles funerarios atravesando la ciudad, pero ya sin plañideras ni coches de caballos y mucho menos con alguna imitación de Jovita Jeijóo, pero si con motos y tiros al aire. Los himnos, antes de cualquier evento, como un sencillo foro o conferencia, y no solo para las grandes fiestas nacionales, y llamar arte a las “pintadas” en cualquier muro de cualquier manera. Sonreír como idiotas para las fotos a color de la página social del periódico, la que suele aparecer enfrente de una llena de asesinatos, accidentes y demás cosas horribles pero en blanco y negro. Llevar saco y corbata aun cuando haya 32ªC a la sombra, sólo para parecer bogotano y serio, y peor con el saco colgando de la mano...