Desde hace semanas en las noticias y columnas de opinión se ha insistido en la necesidad de reanudar el contacto social –no el físico por supuesto con el que se continúa confundiendo- debido a los problemas que trae el encierro permanente. En muchas partes ya se ha hecho y basta con que atiendan en espacios al aire libre como patios, terrazas y azoteas e incluso cerrando calles al tránsito, como se podría hacer fácilmente en el Parque del Perro y en el de El Peñón. Las mesas pueden estar suficientemente separadas e igual los asientos entre ellos, y operar los mismos procedimientos de bioseguridad que se hacen a la entrada y la atención en los supermercados, librerías y otros comercios. Además está el grave problema laboral, al que los domicilios poco pueden ayudar, que ha dejado a muchos aseadores, meseros, cocineros y chefs sin trabajo y con la inesperada dificultad para emprender otro tipo de oficio. Y por otro lado no...