Lo correcto hubiera sido que los gobernadores sí fueran de elección popular pero que ellos nombraran a los alcaldes, como se hacía antes, para que administraran las ciudades localizadas en sus respectivos departamentos. No como ahora cuando la política, la que poco es tal, se reduce cada vez más a las polis, que tampoco lo son del todo, y la que sólo tendría sentido, y sería una verdadera política, cuando se constituyan verdaderas áreas metropolitanas. Pero el punto es que en cualquiera de los dos casos habría que comenzar por replantear los límites físicos de los departamentos y de sus respectivos municipios, actualmente todo un despropósito. Por ejemplo, el Departamento del Valle del Cauca, cuya mitad occidental, la del Pasífico, debería ser sencillamente otro departamento, mientras que la oriental no corresponde con el valle del rio Cauca, parte del cual está en los departame...