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Mostrando las entradas etiquetadas como Casas de hacienda

Arquitectura colonial 19.11.2022

  La lectura del muy interesante e importante libro de Hernando Gómez Buendía, Entre la independencia y la pandemia, 2022, deja en claro cómo en Colombia todo ha venido de afuera y transformado por la geografía del país. Y un ejemplo contundente es la arquitectura de la casa de la hacienda colonial desde el siglo XVIII a inicios del XX; y de nuevo viene de afuera con la arquitectura el español californiano y luego con la moderna vía Estados Unidos, rápidamente mal vulgarizada ignorando los climas tropicales sin estaciones de el país. La de las haciendas es una arquitectura colonial doméstica, cuyo emplazamiento, función y construcción conducen finalmente a su forma. La función de la casa de hacienda es elemental: donde refugiarse durante la noche, poder participar del paisaje circundante, tanto inmediato como corrales y potreros, o como cerros cordilleras y valles, tanto al amanecer como al atardecer, pues el resto del día...

Sentir la arquitectura.11.09.2021

       Como tantas pinturas y esculturas, desde la antigüedad algunos icónicos edificios devuelven la mirada cuando uno los mira; es el caso de El Generalife en Granada o de varias casas de hacienda en las laderas del valle alto del río Cauca en Colombia, en la “loma” como la Casa de la sierra de la hacienda El Paraíso, o La Aurora o Garciarriba, y otras tantas en el “plan” que miran desde el piso alto como en la Concepción de Amaime o Piedechinche. Pero muchos edificios no miran y toca leer su rostro: su fachada la que con frecuencia es apenas una vulgar “facha” muda que sin embargo tiene mucho que decirnos pero que hay que interpretar y con frecuencia traducir a otros que no saben ver.      Como tantos buenos libros, algunos edificios hablan con nosotros; es el caso de El Patio de los Leones de La Alhambra cuyo diálogo es para los hispanoamericanos entrañable; o el de los patios de las casas...

Amanecer. 29.12.2018

        El atardecer es corto en Cali y se reduce a bellos arreboles que las luces de la ciudad ya no dejan ver y toca leerlos en María pero que, aún más bellos, ya nadie lee. Toca alejarse de la cordillera hacia el rio Cauca y mejor hasta la otra cordillera en la que, en sus faldas, los veían los que habitaban sus viejas casas de hacienda, como en la casa de La sierra, o en la Aurora o la Industria, en Florida, o Garciarriba, arriba de Miranda, y otras más. Por eso habría que disfrutar los muy bellos amaneceres, los que si se ven muy bien aquí, pero que tantos se pierden por estar durmiendo, por lo que no suelen soñar cosas bellas.       Ya se ha dicho que al que madruga la naturaleza ayuda, pues emplear las casi doce horas de luz natural todos los días del año, que haría de Cali una ciudad única, sería de gran ayuda para evitar el cambio climático que se vino encima, y usar la noche para dormir como dicen los andaluces; y que el día, si no para...

La vivienda tradicional. 18.11.2017

     Sus cuartos, únicos espacios cerrados de la casa tradicional en el valle del río Cauca , eran pequeños en las más modestas, de un piso, con hamacas o colchones que se recogían de día; en las de los ricos, más grandes, sólo había camas y baúles, y en las casas de dos pisos estaban arriba. En el siglo XVIII ya hay alacenas, y los cuartos continúan siendo el cuerpo principal de la casa. A inicios del XX ya tienen “ closet” y se diferencia el cuarto de los padres del de las hijas y los hijos.        La sala es hasta el siglo XIX un aposento puramente formal, si existe, pues   la vida social, sobre todo en las casas de hacienda, se lleva a cabo en corredores con hamacas y que dan acceso a los cuartos, pero ya hay zaguanes, lo mismo que oratorios y “escritorios” (oficinas).   En el XX, con la arquitectura moderna, se entra a la casa por un “hall “,   pero en el XXI directamente a la sala, la que poco se utiliza pues la gente ...

La casa de María. 21.10.2017

     La concordancia de las descripciones de los espacios en la novela de Jorge Isaacs con los de la casa real de la Hacienda de El Paraíso , es bien poco importante. "La única razón de la novela es decir aquello que tan sólo la novela puede decir […] la novela no examina la realidad sino la existencia",   ha señalado Milan Kundera ( El arte de la novela . Tusquets, 1987. pp. 47-53).   Es el caso de la Casa de la Sierra -como es nombrada en la novela de Jorge Isaacs- llena de muebles, adornos y rosales que nunca tuvo, y de “sucesos” inventados, como llegar hasta decirles a turistas, los que seguramente muchos ni conocen la novela, que los protagonistas de María habitaron allí.                                                                                 ...