Para principiar, no se tendrá más seguridad mientras se siga en la nefasta situación intermedia entre un Estado que no puede garantizarla y los pocos particulares que se encargan de la suya mediante seguridad privada, escoltas pagados por los contribuyentes, carros blindados y demás parafernalia, mientras que el grueso de la población está a merced de delincuentes, que sí están armados, o que busca su seguridad armándose, cada vez más, pero ilegalmente. La seguridad junto con la justicia, íntimamente relacionadas, debería ser el principal deber de un Estado supuestamente democrático, por lo que debe pasar a ser el tema central del actual debate sobre el porte de armas. La ciudad en tanto artefacto, junto con lo todo que pasa en él, debería ser el primer deber de su gobierno, supuestamente municipal, que maneja los ciudadanos al tiempo que la ciudad, considerando en todos l...