Los seres humanos de hace unos 50.000 años eran una especie tropical, y los primeros que se desplazaron hacia el norte tuvieron que adaptarse a condiciones muy distintas y desarrollar nuevas técnicas, y hacer vestidos que los calentaran y almacenes para guardar alimentos en los meses de invierno (Nicholas Wade, Una herencia incómoda, 2014, pp. 86 y 87). Y por supuesto refugios como los iglús y las cabañas primitivas, de las que Marc-Antoine Laugier postula ya a mediados del siglo XVIII el retorno a la esencia de su simplicidad arquitectónica como manera de hacer avanzar la arquitectura, de renovarla o depurarla de sus errores ( Essai sur l’architecture , 1753 ). Propósito que harta falta hace en la lamentable arquitectura de nuestras ciudades actuales y ni se diga en su nuevo urbanismo a pedazos y centrado en los carros y olvidando a los peatones. ...