El uso de las calles y parques para manifestarse en grupo públicamente es un fundamental derecho democrático, y una de las funciones de las plazas es justamente esa; y desde luego en Colombia sobran las razones para ejercerlo. Pero, como todo derecho, este conlleva obligaciones, en este caso la de respetar el derecho de los otros a no parar, es decir a realizar sin problemas sus actividades cotidianas ya previstas. No velar por que así sea compromete a fondo el justo fin de cualquier protesta, control cívico y seguridad que por lo demás debe garantizar la Policía, para lo cual debe contar con un pie de fuerza adecuado y suficiente. Lo que si es totalmente antidemocrático es aprovecharse de una manifestación pacífica para introducir el desorden y el terrorismo o simplemente para robar o dar paso al vandalismo. Este se refiere a la destrucción voluntaria, total o parcial, de la propiedad pública o privada, e incluye el daño...