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Mostrando las entradas etiquetadas como Silencio

Huerto, jardín, vivienda, ciudad. 16.03.2019

          Se trata de estimular el instinto de la biofilia (Edward O. Wilson: Los orígenes de la creatividad humana, 2018) y tener al lado de una casa un vergel con variedad de flores, vegetales y árboles frutales, y un estanque, con peces, para su riego; o, en el caso de los apartamentos, disponer de una azotea, terraza o balcón con vegetales y flores, que pueden estar en materas encima o al lado de afuera de las alfajías de las ventanas, solucionando su fertilización, riego y desagüe. Es la comunión de la arquitectura con la naturaleza inmediata, y cómo hacerlo en las viviendas existentes y cómo proyectar las nuevas para que sea fácil, económico y estético lograrlo, lo que se debería enseñar en las universidades.             Lo primero es tener un pensamiento transdisciplinar: arquitectura, paisajismo, botánica y agronomía, una visión amplia y no miope del paisaje urbano y natural,...

Silencio: San Antonio residencial. 29.11.2014

Hace cerca de 40 años la Cámara de Comercio de Cali, con el arquitecto José Luis Giraldo, fue clave para la conservación del barrio, ya amenazado con la demolición a pedazos de “casas viejas” generalizada a partir de los VI Juegos Panamericanos. Calificar hoy el barrio de “pintoresco” (El Tiempo, 09/11/2014) es una distracción pues no lo es, y tampoco es cierto que se esté consolidando como un “corredor” gastronómico por los 54 restaurantes que supuestamente hay en la zona, además de que no todos son tales. La realidad es que San Antonio es sencillamente un barrio residencial en el que sus vecinos están empeñados en que se lo respete como tal. Principiando por recuperar su silencio y sus calles, ahora invadidas por los carros que van a las oficinas y a los restaurantes que se han instalado recientemente allí huyendo de las obras de Granada y porque en el Parque del Perro ya no caben más. Mas el problema no son los restaurantes ni las oficinas en sí mismos, sino la falta de es...

Del sonido de la naturaleza al ruido urbano. 24.08.2013

   Comienza por el de los electrodomésticos como licuadoras o aspiradoras, y la alarma del carro por supuesto; y sigue con el llamado ruido ajeno, el del aire acondicionado de los vecinos y sus ruidosas fiestas; el de los aviones y helicópteros que nos vuelan por encima para que nos sintamos cuidados, y por supuesto el de las calles, con sus muchas ambulancias con o sin heridos, las ruidosas motos, los carros y los pitos de los que no pueden vivir sin pitar; y para rematar, los parlantes de los vendedores de ruido en calles y “malls”   y de dioses que no existen. Son los ruidos de esta ciudad: sonidos inarticulados, siempre desagradables para las personas normales, muy diferentes a las que ya se han acostumbrado al ruido o, peor, que lo han vuelto parte de su vida: “homo rugitus" esa mutación de los que tampoco ven la fealdad y niegan la realidad: la del ambiente de ruido de Cali, por ejemplo .             ...