Como se ha insistido en esta columna, la demarcación y señalización de los carriles en la vías de Cali es caótica: no tienen continuidad, su ancho cambia de tramo en tramo e incluso en un mismo tramo, muchas líneas ya no se pueden ver, en muchas calles simplemente no las hay y a lo largo de muchos recorridos se duplican y hasta triplican para quedar más adelante reducidos a uno solo; y cuando las calles son de doble sentido, y ahora lo son muchas por la total falta de control, el embrollo es total. Abundan las curvas innecesarias como si los que diseñan las vías de la ciudad no soportaran las rectas y no supieran del entrecruzamiento entre carriles lo que igual ignoran los conductores. Además, en Cali la mayoría de las fachadas urbanas de las calles, constituidas por la suma de las individuales de cada predio, son igualmente caóticas: no hay continuidad de paramentos, ni de retrocesos, ni de voladizos, ni de altura...