El justo derecho a protestar quedó en entredicho pese al buen ejemplo de los que devolvieron lo que otros habían robado a un almacén. Más que en otras partes, aquí la violencia y el vandalismo de muchos, espontáneos o infiltrados a propósito, deslegitimaron la protesta. Muertos, heridos, poca bioseguridad y no vacunas, bloqueos, saqueos, quemas, buses del MIO destruidos, y carros y bienes privados y públicos dañados, vendedores informales, obreros y empleados que no pudieron trabajar. Por otro lado, en vez de derribar una estatua, sería más pertinente erigir otros monumentos alrededor a los indígenas y a los esclavos africanos. La realidad es que a los aborígenes se les impuso lo español de mano de la espada, junto con la religión, la lengua y la arquitectura (Fernando Chueca Goitia, Invariantes castizos… , 1970) y luego se agregó lo africano, y por eso aquí somos producto de esas transculturaciones: mestizos, aunque lo seamos en proporciones diferentes, que hablamos español....