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Edificio Coltabaco. 02.04.2016


            La Compañía Nacional de Tabaco había decidido construir su sede en Cali ya que el valle del río Cauca estaba entre los mayores productores en el país, y para festejar en 1936 el IV Centenario de la ciudad, cediendo además parte de su terreno para la Avenida Colombia. Inicialmente llamado El Puente, se conocería como edificio Pielroja por el enorme aviso de neón a colores que tuvo encima de su torreón central, que anunciaba esa popular marca de cigarrillos.

           Está sobre la Calle 12, antes la más importante de la ciudad, que conectaba el barrio Granada con la galería de El Calvario a través del Puente Ortiz. Con el demolido Hotel Alférez Real, la Ermita y el Teatro Jorge Isaacs, constituyó la imagen clásica de esa entrada al Centro. En 1959 fue declarado Monumento Nacional y, en buen estado, es hoy un Bien de Interés Cultural, BIC, y parte del Centro Histórico de Cali, por lo que su adecuación debe ser autorizada por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural previo concepto del Departamental.

           Su diseño es del ingeniero Guillermo Garrido Tovar, nacido en Santander de Quilichao, quien después de estudiar en Estados Unidos llegó a trabajar a Cali, y fue uno de sus primeros encargos, del que dijo que “corresponde al estilo español, con líneas renacimiento e influencia de línea sevillana”, dando gran importancia a la ornamentación  “de evocación plateresca” de fachadas y primer piso (Francisco Ramírez: Arquitecturas Neocoloniales: Cali 1920-1950, 2000).

        Es semejante al Pabellón de Colombia en la Feria Iberoamericana de Sevilla de 1929, del arquitecto español José Granados de la Vega (1898-¿?) con ornamentación del escultor colombiano Rómulo Rozo (1899-1964), que se puede ver en el libro de Amparo Graciani, que dio inicio a la que sería conocida en el país como arquitectura neocolonial, al mismo tiempo que se inauguraba el Pabellón de Alemania en la Exposición Internacional Barcelona, de Ludwig Mies van der Rohe (1886–1969), una de las obras más influyentes de la arquitectura moderna.

        Como dice Ramírez, sin mayores restricciones presupuestales pues la Compañía buscaba un gran edificio para la ocasión, se logró el más vistoso de los pocos que se hicieron en Colombia con esa expresión plástica. Entre ellos el Palacio Nacional en Cartagena o el de Popayán, pues otra cosa son las construcciones español californiano posteriores que abundaron en Cali y Barranquilla.

         La construcción empezó en 1934 y, con ascensor, estructura de hormigón reforzado y tabiques de ladrillo aligerado, mostraba los últimos avances técnico-constructivos. Inicialmente fue de tres pisos pero en 1950 se agregó otro, que mantuvo la misma ornamentación y remate superior con elaboradas tracerías, modificando muy poco la composición general, como se puede comprobar con sus viejas fotografías.

         Actualmente, con la Calle 12 hace años peatonalizada, quedó frente al Parque de los Poetas y al lado del llamado Boulevard del Río, al que se le eliminó totalmente el tránsito de vehículos, cuyo paso da animación y seguridad, pues otra cosa es que se disponga de amplios andenes. 

     Donado a Cali, ojala su uso sea para la cultura y no corra con la misma suerte del Palacio Nacional, abandonado por años por el Municipio hasta que lo regresó al Ministerio de Justicia. Y la razón puede ser la misma: no cuentan con un estacionamiento cercano, ni cómo llegar en carro a su entrada, y aquí aun muchos creen que el patrimonio construido es un “encarte” y por algo salieron de ellos.

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