El atardecer es corto en Cali y se reduce a bellos arreboles que las luces de la ciudad ya no dejan ver y toca leerlos en María pero que, aún más bellos, ya nadie lee. Toca alejarse de la cordillera hacia el rio Cauca y mejor hasta la otra cordillera en la que, en sus faldas, los veían los que habitaban sus viejas casas de hacienda, como en la casa de La sierra, o en la Aurora o la Industria, en Florida, o Garciarriba, arriba de Miranda, y otras más. Por eso habría que disfrutar los muy bellos amaneceres, los que si se ven muy bien aquí, pero que tantos se pierden por estar durmiendo, por lo que no suelen soñar cosas bellas. Ya se ha dicho que al que madruga la naturaleza ayuda, pues emplear las casi doce horas de luz natural todos los días del año, que haría de Cali una ciudad única, sería de gran ayuda para evitar el cambio climático que se vino encima, y usar la noche para dormir como dicen los andaluces; y que el día, si no para...