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Problemas ¿sin? soluciones. 18.04.2015


        En el fondo, los verdaderos problemas que amenazan al mundo son apenas dos: la sobrepoblación y la delincuencia potenciada. Las nuevas epidemias, causadas algunas por nuevos virus o bacterias, y generalizadas por la mayor movilidad de las personas, por lo que pueden extenderse más rápidamente que nunca, junto con la ineficiencia progresiva de los antibióticos existentes, a fin de cuentas sólo serían una aterradora solución.

       La preocupante realidad, que muchos prefieren no voltear a ver, es que el exceso de población (ya somos más de 7. 267. 214. 889 y contando) y más del 50% de ellos en las ciudades y en Colombia cerca del 80%) y su rapidísimo crecimiento actual, están llevando al calentamiento global, agotando los recursos naturales, entre ellos el agua dulce, dañando suelos, bosques y selvas, contaminando el aire, y acabando con la biodiversidad y los paisajes.

      En el caso de Colombia, se pregunta Manuel Rodríguez Becerra sí será este un país ambientalmente insostenible, cuyo crecimiento económico posiblemente no sea viable pues la riqueza total se está agotando (El Tiempo, 11/01/2015, p. 8) y señala como este asunto poco le importa a la dirigencia nacional, siendo un problema tan grave y complejo y que va más allá de lo ambiental. Como lo será la inminente carencia de agua potable en Cali pues ni siquiera se controla en serio su desperdicio.

     Y la delincuencia cada vez con más armas y explosivos más potentes, que llegarán a ser nucleares, como ya las tienen estados autoritarios y fundamentalistas, va desde el terrorismo al vandalismo urbano, pasando por secuestros, asesinatos, atracos, robos a todos los niveles, amen de conductores borrachos o que se pasan los semáforos en rojo o trepan sus carros a los andenes obligando a los peatones a bajar a las calzadas donde son atropellados, siendo en Cali la principal causa de muerte junto con las motos.

   Ciudad está que es en promedio la primera en homicidios en el país, y de lejos respecto a Bogotá, Medellín y Barranquilla que le siguen, y la cuarta en el mundo (Capitel, Enero 2015). Y para que no quede duda, aquí comenzó el año con 14 asesinatos celebrando el fin de la Feria decembrina, en la que ya no nos contentamos con matar animales en la plaza de toros y talar grandes árboles en las avenidas para instalar graderías para cobrar por lo que antes era gratis: la alegría.

   La solución sería lo que ya están haciendo hace años los países nórdicos más desarrollados y con mejor calidad de vida: contaminan menos, su población crece poco o nada, las ciudades son pequeñas, el respeto por el espacio público es general, la delincuencia está muy controlada, la justicia lo es, el rechazo al terrorismo es masivo, como se acaba de ver en Francia, la diferencia entre ricos y pobres es menor, y tienen la mejor educación y crianza para los niños, que son sólo los deseados.

   Paradójicamente lo que nos impide seguir su ejemplo es nuestro acelerado crecimiento poblacional y con él la delincuencia, y un país de regiones, muy extenso y dividido por un geografía de altas montañas, lo que ha dificultado la buena educación a todos los niveles y en todos los sentidos. Porque considerando las guerras, la historia de ellos igualmente ha sido violenta, pero puntual mientras que la nuestra no da respiro desde antes del Descubrimiento del Nuevo Mundo.

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