Los seres humanos, a diferencia de todos los otros animales en estado natural, viven en un hábitat cada vez más artificial; en ciudades, viviendas y demás espacios para el trabajo, la educación, el comercio, la recreación y el gobierno. En todos estos espacios el percibir su arquitectura es inevitable para todos sus usuarios casi la totalidad del tiempo, y de ahí que al igual que se denomina a los ruidos molestos y olores desagradables, como ruidos y olores ajenos, se debería definir como arquitectura ajena aquella que, precisamente, es ajena a su calle, su vecindario, su barrio, su ciudad; en otras palabras, ajena a su cultura urbana de los que moran en un lugar no que habitan en un sitio. Es arquitectura ajena en primer lugar porque rompe con la tradición local de manera evidente y desagradable con su imagen o con su uso, ya sea por falta de sensibilidad estética, ignorancia, por simple moda o, peor aún, por un capricho irrespetuoso con los otros. Es una arquitectura ajena a la...