Si la justicia se aplicara siempre, de inmediato y a fondo, gracias a un milagro, este país seria otro: uno mucho menos inseguro, mucho menos corrupto, más funcional, más ecuánime, menos informal y más sabroso, y de verdad democrático, por lo que vale la pena tratar de imaginárselo primero para luego buscar cómo lograrlo. Muchas personas habrían tenido que cambiar de “trabajo” o se han visto obligadas a realizarlo legalmente, y casi todos habrían olvidado sus viejas triquiñuelas habituales. Seguramente habría más empleos formales, la economía mejoraría y las desigualdades socio económicas serían menores. Sería una rápida evolución cultural, no una nueva cultura. Las leyes y normas rápidamente se habrían revisado todas, eliminando unas y creando otras, corrigiéndolas o mejorándolas, buscando su sencillez, claridad y contundencia, reduciendo lo más posible su número y con mínimas e inevitables excepciones, logr...