Todas las ciudades, unas más que otras, afrontan problemas de seguridad, movilidad, ruido, mal comportamiento, empleo, habitantes de la calle, obras públicas y desorden urbano arquitectónico; todos debidos a la falta de control (comprobación, inspección, fiscalización, intervención) y dicha carencia a la falta de voluntad política de las autoridades, o de los medios eficientes para realizarlo. O es debida al clientelismo y corrupción de las autoridades facilitada por la politiquería de sus electores o, en últimas, por la carencia de una sólida cultura urbana, la que determina la mentalidad anárquica tanto de los ciudadanos que no son tales, como de aquellas autoridades que tampoco lo son. Como ya se dijo en esta columna (Polis, políticos y policía, 14/05/2016) ciudad y control están muy relacionados desde las polis griegas (del griego polis) al unificarse el núcleo urbano y su entorno rural se creó el marco es...