Es el caminar por los andenes de las calles y avenidas sin interrumpir ni acosar a los otros peatones pero disfrutando de la animación propia de una verdadera calle de una verdadera ciudad; cruzar sólo por las esquinas y hacer respetar los pasos de cebra y los semáforos peatonales. Usar una bicicleta para los desplazamiento cotidianos más cortos y para los más largos el transporte colectivo público, ojalá de superficie para poder mirar la ciudad durante el recorrido, y dejar el carro particular, si es que aún se lo tiene, solo para cuando sea indispensable, o alquilarlo, como se hace cada vez más en más ciudades del mundo, y preferiblemente que sea eléctrico y pequeño. Es, en casa y antes de salir, disfrutar el poder mirar abajo a la calle desde una ventana o mejor desde un balcón, o a lo lejos desde un alto mirador si es que lo hay como en Cartagena de Indias, para apreciar cómo amanece la ciudad, y al regresar ver por donde se pone el Sol o la Luna. Ya en la calle saludar a los vecin...