Algo de discreción y capacidad natural para juzgar rectamente es lo que falta en San Antonio. Tradicionalmente ha sido, desde su inicio a finales del siglo XIX, un barrio residencial con algunas tiendas de esquina y talleres. Pero qué bueno que ahora además cuenta con restaurantes, pero por supuesto sobran las oficinas que de noche se abandonan y que de día ocupan sus calles con carros estacionados todo el día, a los que se suman los de los visitantes a los que les gusta dejar su carro enfrente de la puerta de los restaurantes o negocios a los que van, impidiendo apreciar la arquitectura del barrio y caminar por sus calles pues por sus estrechísimos y maltrechos andenes casi no se puede. ...