El pertinente comentario de Juan Guillermo Zapata a una columna de Paola Gómez ( Tratados como carros viejos , El País, 14/04/2016) lo dice todo: “Por muy desesperante que sea la vida en Agua Blanca, la población no deja de crecer, haciendo imposible su absorción por el precario mercado laboral y las instituciones sociales del estado. En Colombia se prohíbe el aborto como la forma más elemental de preservar la vida humana. Pero desde el momento en que el bebé nace todo el mundo se desentiende del problema. No se trata de acabar con la vida, sólo que hay que controlar la reproducción a través de la educación sexual, sin influencia de la doctrina de las iglesias, y el consecuente uso gratis de los métodos anticonceptivos por parte de la población más desfavorecida o pobre. Si se consigue parar el crecimiento, en unos años le será más factible al Estado integrar a uno o dos hijos por pareja.” El caso es que ya en el mundo...