Hace más de un año se propuso al Consejo Departamental de Patrimonio Cultural del Valle del Cauca declarar como Bienes de Interés Cultural sus imponentes paisajes, los libros que hablan de ellos, como María y El Alférez Real , o la poesía de Ricardo Nieto o Carlos Villafañe o la música bucólica de Salospi; igual que su biodiversidad, una de las mayores del mundo. Y para redondear esta secuencia tan determinante de clima, relieve, paisaje y tradiciones, también se ha propuesto que sea declarada de interés cultural la comida vallecaucana. Declaraciones que se sumarían a las de un puñado de casas de hacienda, estaciones del tren, edificios públicos, iglesias y cementerios, que ya lo son junto con la marimba y las “cantaoras” del Pacífico, y lo que nos toca del Paisaje Cultural Cafetero declarado recientemente Patrimonio de la Humanidad. Estas declaratorias no demandarían casi ningún gasto y su beneficio cultural sería enorme para unas regiones que han cambiado tan rápidamente e...