La historia de la vivienda, que no de la arquitectura, principió en las cuevas para conservar el fuego y proteger la vida del frío, la nieve, la lluvia o el sol, logrando pronto ambientes más confortables para habitar, o en el bosque, en cabañas primitivas formadas al unir arriba las ramas de varios árboles en redondo y talando los que quedaban adentro. Después se conformaron casas con paredes de piedra, tierra o ladrillos, ya no circulares sino con naves rectangulares, y a continuación se originaron los patios interiores para dejar salir el humo y entrar la luz y el aire. Espacios, los de la casa, no vacíos sino llenos por la presencia de las personas que los habitan y de las cosas que les permiten hacerlo, y cuyas proporciones, orden, formas, texturas y colores vuelven arte, al tiempo que sus vanos, que permiten circular entre ellos y entrar y salir, hacen que todo lo que se mire a través de ellos de inmediato también lo sea; no arte sino ya arquitectura, es mejo...