Las formas de las nuevas construcciones de una ciudad no lo deben ser a costa de su imagen tradicional. Por lo contrario, se deben sumar, enriqueciéndolo, a su patrimonio construido, nutriendo la memoria colectiva, lo que fortalece la identidad de los ciudadanos con ella al permitirles compartir recuerdos, independientemente de sus diferentes procedencias, generaciones y estatus socio económico. Hay que actualizar las ciudades, por supuesto, pero sin tratar de suplantarlas, lo que además es imposible pues habría que demoler todo, por lo que el resultado cuando se trata ingenuamente de ser novedoso es el caos urbano. Como el que vivimos en Cali cada vez más. Otra cosa es que no queramos o no sepamos verlo o no nos importen sus consecuencias sociales. Incluyendo la seguridad que tanto nos preocupa. Además, en lo construido se ha invertido dinero, trabajo, materiales, agua y energía, que hay que reaprovecha...