Antes, en todas partes, el poder, que se decía provenía de los dioses, era de mitos y reyes, y no de leyes y hombres, como quería Thomas Paine, y tuvimos que esperar desde las ciudades estado griegas y la república romana, a la creación de Estados Unidos y la Revolución Francesa, para que de nuevo hubieran democracias, hoy en peligro. Un sistema político “en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes” (DLE) que, como dijo Winston Churchill, “es el peor […] a excepción de todos los demás”, pero son sociedades “que reconocen y respetan como valores esenciales la libertad y la igualdad de los ciudadanos ante la ley” (DLE). Como lo advirtió Friedrich Nietzsche, la democracia “debe ser entre iguales”, pero la naturaleza del ser humano impide que lo seamos en la búsqueda del poder, por lo que, como decía Karl Popper “no sirve para elegir buenos gob...